Más allá del conocimiento jurídico 'puro y duro - Núm. 3, Abril 2021 - Industria Legal - Libros y Revistas - VLEX 866296258

Más allá del conocimiento jurídico 'puro y duro

AutorAndrea Hernández B./Marcelo Buendía V.
CargoDirectora Editorial/Director Editorial
Páginas3-3
Más allá del conocimiento jurídico ‘puro y duro’
Industria Legal
Andrea Hernández B.
Directora Editorial
Marcelo Buendía V.
Director Editorial
(iii) Inteligencia emocional: para nadie es un
misterio que el éxito y ascenso profesional no
depende únicamente de nuestra capacidad
intelectual. El llamado es para que en nuestro día
a día nos esforcemos por entender las emociones
propias y las de los demás, y procuremos que la
satisfacción de nuestros intereses consulte y tome
en cuenta los de aquellos que nos rodean.
Debemos recordar que, además, hay muchos
problemas jurídicos cuya solución termina siendo
encontrada bajo un manejo o punto de vista no
jurídico.
(iv) Trabajo en equipo: quizás nunca
descifremos por completo en qué consiste el buen
trabajo en equipo. Sin embargo, deberíamos
esforzarnos, desde lo personal y empresarial, por
lograr generar dinámicas de trabajo que
promuevan los liderazgos constructivos y el mejor
aprovechamiento de las habilidades de los
componentes del grupo.
Las anteriores son solo un ejemplo de
habilidades que consideramos relevantes y en las
cuales creemos que la educación legal aún tiene
una importante oportunidad de mejora. En últimas,
nuestra reflexión parte y se construye a partir de
vivencias y anhelos propios. Es por ende un
llamado al pensamiento constructivo para la
implementación de potenciales medidas de cara a
una mejor formación de las futuras generaciones
de abogados.
Dudamos que en nuestra industria un abogado
pueda decir que llegó completamente preparado a
enfrentar los retos del mundo laboral y práctico.
Seguramente muchos recordamos con terror esa
primera tarea que tuvimos que hacer en nuestro
debut laboral. La mayoría se habrá sentido en un
primer instante con las manos inmóviles en el
teclado y pasando saliva frente a la pantalla del
computador. ¿Es esto aceptable después de años
de carrera universitaria?
Sin dejar de lado el agradecimiento que
podamos sentir por nuestra alma mater ¿cuántos
podemos decir que la universidad nos dotó de
todas las habilidades esenciales para la vida
laboral más allá del conocimiento jurídico ‘puro y
duro’? Que a las instituciones educativas les
corresponda o no toda la carga de formación en
dichas habilidades es otra discusión, pero que hay
oportunidades de cambio y mejora es indiscutible.
Quisimos aprovechar este espacio para
referirnos sobre la importancia de las habilidades
blandas o soft skills en nuestra profesión. Más allá
de buscar teorizar sobre un asunto de relevancia
práctica, resaltamos algunos puntos a partir de
nuestra experiencia, y la que nos han compartido
otros colegas. Se trata de un breve ejercicio
reflexivo y crítico frente al tipo de habilidades que,
hoy por hoy, consideramos un complemento
necesario y obligado en la formación del abogado.
(i) Comunicación clara y empática: los
concursos de litigio simulado se han consolidado
como una herramienta de aprendizaje que otorga
ventajas a los estudiantes participantes. Sin
embargo, estas competencias deben seguirse
expandiendo a las áreas del derecho a las que
todavía no llegan, en todas resulta relevante que
el estudiante tenga la posibilidad de asumir el rol
del abogado en relación con una problemática
hipotética, pero referenciable. El énfasis, además,
debería trascender de lo litigioso y jurídico, pues
nuestro entorno no se agota en este tipo de
dinámicas. Incorporar jurados sin formación
jurídica, por ejemplo, podría retar a los estudiantes
a comunicar los mensajes de forma clara y
creativa y lograr que se familiaricen con el tipo de
público que finalmente será su usuario y cliente.
(ii) Expresión oral que impacte: muchos
escogieron esta carrera por sus habilidades
naturales para hablar en público y persuadir. Sin
embargo, las discusiones jurídicas, incluso entre
los mejores abogados, suelen carecer de
tonalidades, matices y énfasis. Y si el lenguaje
oral es importante, el no verbal lo es incluso más.
Ya no es un misterio la inclusión de talleres de
storytelling, oratoria y teatralidad para
fortalecer la práctica jurídica.

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