El derecho de vecindad - Sección tercera - Derecho civil. Bienes. Derechos reales - Libros y Revistas - VLEX 650455381

El derecho de vecindad

AutorJuan Enrique Medina Pabón
Páginas249-264
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El derecho de vecindad
189. Restricciones derivadas de la convivencia
La mayoría de las limitaciones atribuibles al derecho de vecindad son cargas reales,
pero algunas serán verdaderas obligaciones reales y otras se prestan para dudas, con-
firmando que estamos ante temas jurídicos.
En el derecho de vecindad incluiremos una parte de las servidumbres que nos
presenta el Código Civil, debido a que no cumplen los requisitos que permitan ca-
lificarla de servidumbres, porque no hay predios sirvientes o no hay dominantes, y
además porque recaen prácticamente sobre todos los inmuebles, sean bienes privados,
de uso público, e incluso destinados al culto, algo que no podría en general aplicarse
a las servidumbres, que solamente pueden recaer sobre bienes comerciales.1
190. Determinación del bien y del derecho
Para poder ejercitar el derecho sobre un bien es necesario saber precisamente cuál
es, por lo que la ley consagra el derecho para cualquiera para obtener que se elimine
la incertidumbre sobre el derecho suyo. La mayoría de los bienes tienen una mor-
fología y otras características que permiten su individualización, pero de no tenerla
será necesario proceder a hacerlo porque no se puede ejercer un derecho sobre objeto
indeterminable.
191. Deslinde y am ojonamiento
Las superficies inmobiliarias son continuas por lo que se hace necesario saber hasta
dónde lle ga un bien y emp ieza otro, de modo que cuando hay dudas en esta mate-
ria, el derech o y su ejercicio se hacen igualmente inciertos, lo que debe remediarse
para evitar conflictos.
Todo dueño de un pred io tiene derecho a que se fijen los límites qu e lo separan de los pred ios co-
lindantes, y podrá exigir a los respectivos dueños que concur ran a ello, haciéndose la demarcación
a expensas comunes [A rt. 900 C. C.].
Los linderos entre inmuebles pueden ser imprecisos por diversas razones, como
la falla inicial en los títulos, la pérdida de las señales o mojones que indican cuánto abar-
ca un bien, el cambio de cercas, medidas equivocadas y otras. Cuando por cualquier
razón no está claro hasta dónde llega su terreno o hay un conflicto entre vecinos por
los límites, cualquiera de las partes queda facultada para llamar a sus colindantes para
buscar la correspondiente acotación predial.
La ley civil menciona al dueño como titular de la facultad de convocar a sus
vecinos (dueños igualmente) a la delimitación, porque éste era el único que tenía
1 Ver: VÉLEZ, Fernando. Estudio sobre el Derecho civil colombiano, T. III, nº 477. París: París-América,
1926, p. 314 y 315.
Derecho civil. Bienes. Derechos reales
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facultades de disponer de su derecho y, en el evento de llegar a un acuerdo de fijación
de los límites y por tratarse de asuntos inmobiliarios, de elevar el acuerdo a escritu-
ra pública y efectuar el correspondiente registro. Si los colindantes no se ponen de
acuerdo adelantarán las acciones judiciales pertinentes.
Ahora bien, el artículo 460 del Código de Procedimiento Civil y hoy el artículo
400 del Código General del Proceso extendió la acción de “deslinde y amojonamien-
to”, además del dueño pleno o nudo, a los poseedores que lleven más de un año de
posesión, a cualquiera de los comuneros y al usufructuario (quizá al usuario), pero
no aclara si estos interesados cuentan con facultades para celebrar acuerdos privados
sobre los límites y en qué forma deben hacerlo, para que tenga oponibilidad frente al
dueño. Al respecto se pueden adoptar dos posiciones: que estos “no dueños”, pueden
hacer esos acuerdos sobre linderos mediante actos que hagan tránsito a cosa juzgada
(conciliaciones, ar bitramientos) o que solamente pueden obtener la delimitación
mediante el proceso judicial respectivo. Incluso cabría una tercera opción que sería
que estos acuerdos sólo son oponibles entre los que celebraron el acuerdo, a falta de
una norma expresa que vincule a los demás a esas actuaciones. Tampoco es claro si
el acuerdo privado que sobre linderos que hagan el nudo propietario y su vecino co-
bija al usufructuario. En Chile los tribunales han llegado a esta última solución por vía
doctrinaria y, como no existe obligación de integrar un litisconsorcio necesario, (aquí
tampoco) han tenido que admitir que los legítimos interesados, que no fueron parte
en el juicio, puedan discutir el derecho, basándose por cierto en la no caducidad de la
acción.2 De no existir acuerdo, se adelantará el proceso del caso que tiene la particular
condición de ser imprescriptible (no caduca):
Diligencia de deslinde. El juez señalará fecha y hora para el deslinde y en la misma providencia
prevendrá a las partes para que presenten sus títulos a más tardar el día de la diligencia, a la cual
deberán concurr ir además los peritos.
En la práctica del desl inde se procederá así:
1. Traslad ado el personal al lugar en que deba efectuarse, el juez re cibirá las declaraciones de los
testigos que las partes presenten o que de oficio decrete, examinará los títulos para verificar los
linderos que en ellos aparezcan y oirá al perito o a los peritos para señalar la línea divisoria.
2. P racticadas las p ruebas, si el juez encuentra qu e los terrenos no son colindan tes, declarará
por medio de a uto, improcedente el deslinde; en ca so contrario s eñalará los lin deros y hará
colocar mojones en l os sitios en q ue fuere necesario para demarcar os tensiblemente la línea
divisoria.
3. E l juez pondrá o dejará a las par tes en posesión de los respectivos ter renos con arreglo a la
línea fijada. Pronunc iará allí mismo sentencia declarand o en firme el deslinde y ordenando
cancelar la inscrip ción de la demanda y protocolizar el expediente en una notaría del lugar.
Hecha la protocolizació n el notario expedirá a las partes copia del a cta de la diligencia para
su inscripción en el co mpetente registro.
4. L as oposiciones a la entrega formu ladas por terceros se tramitarán en la forma dispuesta en
el artículo 309 [Art. 403 C. G. P.].
2 PEÑAILILLO AREVALO, Daniel. Los bienes. Santiago : Editorial Jurídica de Chile, 2011, p. 498.

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