Limitaciones al derecho de dominio - Sección tercera - Derecho civil. Bienes. Derechos reales - Libros y Revistas - VLEX 650455373

Limitaciones al derecho de dominio

AutorJuan Enrique Medina Pabón
Páginas217-221
217
Limitaciones al derecho de dominio
171. Hasta dónde llega el derecho de dominio
Sinónimo de poder era este derecho y por eso el propietario podía hacer lo que deseara
con lo suyo. Esa concepción sufre un continuo proceso de erosión, con la imposición
de una serie de cargas y controles a la utilización del bien e inc luso de obligaciones
en beneficio de otros, precisamente porque la vida en sociedad presupone un com-
portamiento solidar io.1 Con el desarrollo de la civilización y especialmente con una
mejor comprensión de los principios filosóficos que inspiran (o deben inspirar) el
sistema político, económico y jurídico del conglomerado, el recorte de facultades es
cada vez mayor y no se ve que esa tendencia vaya a cambiar —para beneplácito del
señor Marx, donde quiera se encuentre—. En pocas palabras, se aumentaron las car-
gas sobre la propiedad con el correlativo sacrificio de las ventajas para el propietario,
de una manera tal que permite a nuestra Corte Constitucional, experta en generali-
zaciones hiperbólicas, llegar a la conclusión de que el derecho de dominio ya no se
ejercita al “arbitrio” del propietario.2
Los dioses fueron los primeros en señalar la directriz al reclamar para sí parte de
lo que lo que entregaban a los hombres exigiendo algo de las cosechas [Lev. 19, 9 - 10] y
otras riquezas como ofrendas o para redimir los pecados [Lev. 1 a 7]. Esas “primicias” y
expiaciones, que se constituyen en la fuente del sistema tributario, cuya normatividad
se multiplica hasta convertirse en una rama especializada del Derecho público —de
la que cautelosamente me mantengo alejado—.
La tarea que empezaron las deidades, la complementaron con creces príncipes,
legisladores y juristas de todas las épocas, al ir detectando muchas situaciones en las
que era necesario impedir a un dueño realizar algunas actuaciones con sus propie-
dades, por estar destinadas a un propósito especial o porque afectaba los intereses de
otros, como es el caso de elementos que traspasan los lindes del predio e ingresan
al de otro, porque a la naturaleza poco le importan las fronteras y por eso animales,
plantas, líquidos, olores, ondas electromagnéticas o sonoras están saliéndose de donde,
se supone, deberían quedar confinados. Nadie espera que un bien se convierta en una
burbuja impenetrable que contenga todo y no lo deje pasar nada, aunque tampoco se
supone que un sujeto deba soportar todo lo que le llega del exterior, de modo que será
necesario fijar algunas reglas, ya para forzar al propietario a contenerse o ya proceder
1 Los romanos t ardíos ya habían modulado la “plena in re potestas” con la condición quatenus juris ratio
patitur” (hasta dónde la razón del Derecho lo permita) similar a nuestro art ículo 669 del Código Civil. TRU-
JILLO ARROLLO, Juan C. Derecho romano compar ado, T. I. Bogotá: La Luz, 1938, p. 122.
2 Es indudable que el derec ho de dominio sí se ejercita al arbitrio o criterio del dueño (cada cual dec ide
utilizar su c arro cuando quiera), siempre que con ese ejercicio no lesione derechos partic ulares o colectivos
superiores (con licenc ia para conducir, en un aparato con las condiciones mecánica s aptas y “revisadas”, ma-
nejando por la derecha de la vía, con el cinturón de seguridad abrochado, sin hablar por celular, cuando no sea
época de restricción vehicular y muchos etcéteras más), pero eso ya lo tenía claro el señor Bello cuando indicó
no siendo contra ley o co ntra derecho ajeno [Art. 669 C. C.].

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