Los orígenes de la industrialización - Segunda Parte - Economía y nación: una breve historia de Colombia - Libros y Revistas - VLEX 845670567

Los orígenes de la industrialización

AutorSalomón Kalmanovitz
Páginas209-266
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capítuLo iv
Los orígenes de La industriaLización
introducción
Así como el siglo xix estuvo marcado por la disgregación
nacional y el enfeudamiento, el siglo xx se caracterizará por la lenta
unificación política y el desarrollo capitalista, con las obvias diferen-
cias regionales, pero a paso firme en el conjunto del país. El proceso
centrífugo de la política comienza a detenerse —ya se vio— con la
Regeneración, y la República conservadora (1890-1930) lo frena más
al ser unificado el país por la fuerza, en lo cual incide el desmembra-
miento del estado de Panamá. Se trata de una vía autoritaria de cen-
tralización política, cimentada sobre la ideología católica, arbitraria
y por la misma razón incompleta: por lo tanto, las relaciones entre
las élites locales y las que hegemonizan el poder central (agroex-
portadores) se tornarán siempre conflictivas. Las regiones se verán
desprovistas de toda iniciativa política, tributaria y de gasto. La
célula municipal no existirá en la práctica como unidad decisoria y
sus autoridades serán nombradas desde arriba con el solo consenso
de los grupos dominantes locales que apoyan la fuerza hegemónica
del centro. No se parte, entonces, del principio de que el autoesfuer-
zo regional puede generar un mayor gasto y cubrir las necesidades
locales y aun las del departamento. En las obras públicas, quizá con
la excepción de Antioquia, la mayor parte de las veces la iniciativa
saldrá de la autoridad central; los servicios públicos se organizan,
por consiguiente, de manera caótica. El gasto público depende en
lo fundamental del recaudo de aduanas, pero como la autonomía
para desarrollar las iniciativas locales y regionales es muy escasa,
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los municipios y los departamentos se acostumbran a clamar por la
limosna ante la autoridad central y muy poco a medir sus propias po-
sibilidades y a mancomunar esfuerzos para resolver sus necesidades.
Cuando se vean pobres y desprovistos de obras y servicios, acusarán
al centralismo de sus deficiencias y no saldrán de sus lamentos. Peor
aún se vislumbra la relación entre el Estado y las clases dominantes
y dominadas, pues el primero no se distancia de los poderosos inte-
reses de terratenientes y comerciantes, lo cual incide también en su
poca legitimidad frente a las masas cuando estas comienzan a salir
del servilismo. Además, por la misma falta de autonomía, el Estado
carece de capacidad para obligar a tributar a las élites y a la población.
A pesar de los anteriores impedimentos, el Estado se fortale-
cerá y se adaptará mal que bien al capitalismo que va surgiendo en
muchas regiones, modificando paulatinamente las relaciones entre
centro, departamentos y municipios y aumentando sus fuentes de
financiamiento. El Estado se robustecerá con base en los mayores
ingresos que se derivan entre 1903 y 1929 de la gran ampliación del
comercio externo del país y en particular de las importaciones, del fi-
nanciamiento externo (1922-1928) y, más adelante, de un impuesto
moderado a la renta que se complementará con un regresivo tributo
a las ventas. En las ciudades grandes, se organizarán racionalmente
los impuestos locales, sobre todo el predial, y en las zonas de mayor
desarrollo se crearán las corporaciones regionales (cvc y la car)
que sustituirán a los departamentos, pues las funciones de estos son
escasas y limitadas.
La unificación nacional constituirá un hecho progresivo y de-
penderá más del creciente intercambio y la movilidad entre las regio-
nes que de una participación de la ciudadanía en los destinos de la
colectividad, tendente a plasmar una identidad común entre el con-
junto de la población. Por el contrario, la realización de ese destino
común queda en manos de una privilegiada cúpula de terratenientes,
comerciantes y militares que no cuenta con un proyecto nacional. Este
surgirá más bien como resultado de las agresiones norteamericanas
(el robo de Panamá, el saqueo del capital extranjero en los enclaves
soberanos del banano y el petróleo, su control de los servicios públicos
municipales y la dependencia financiera a partir de 1922) y será pro-
movido por sindicatos y pequeños sectores políticos, algunos ligados
al Partido Liberal. La crisis que la Primera Guerra Mundial genera en
los abastecimientos e intercambios del país se tornará en el necesario
punto de referencia para los proyectos de fortalecimiento del Estado,
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los orígenes de la industrialización
la autonomía política y monetaria del país frente al extranjero y la
protección de la nación ante las pugnas interimperialistas1.
La formación de un mercado interior se configura primero co-
mo un hecho político —la protección aduanera para la producción
nacional—, para después adquirir contenido económico sobre la base
de los intercambios regionales y el contacto con el mercado mundial,
que será el puntal de la expansión productiva y el intercambio dentro
del país. La organización de esa producción permanece invariable en
algunos casos, pero en los más se asentará sobre el creciente capital
y el trabajo asalariado libre.
El desarrollo capitalista será ahora inequívoco. El sistema de
fábrica surgirá en muchas partes e irá abarcando poco a poco la orga-
nización de la manufactura, el transporte, los servicios, la minería y,
más lentamente, la agricultura y la ganadería. La separación campo-
ciudad, la afluencia de la mayoría de la población a las ciudades,
avanzará con cierta lentitud hasta 1938: en 1905 el 10 % de ella será
urbana (de un total de 4.14 millones), pero en 1938 habrá aumentado
al 31 %, de 8.7 millones de habitantes, para abarcar más de la mitad
en 1964. La transición demográfica del país, reforzada por el hecho de
que el desarrollo capitalista disminuye la mortalidad infantil y pro-
longa las expectativas de vida, no se percibe con claridad sino hasta
la mitad del siglo. La tasa de crecimiento de la población entre 1905
y 1951 se sitúa en el 2.2 %, cuando la del siglo xix fue alrededor del
1.7 %, pero da el salto al 3.2 % entre 1951 y 1964, de lo cual se puede
colegir que los avances en higiene, medicina social y farmacología
moderna se hacen sentir con fuerza apenas después de 1951. Se trata
también de una población más culturizada, pues el índice de alfabe-
tismo pasa de 11.9 % en 1905 a 41.2 % en 1938.
El siglo xx testimoniará asimismo que el tardío desarrollo ca-
pitalista de estas naciones se halla inmerso dentro de la acumula-
ción imperialista y que marcha pari passu con una soberanía política
recortada. Para Colombia, el estar en la órbita de la expansión nor-
teamericana significa el cercenamiento de su territorio más valioso,
Panamá, y el arraigo de la soberanía de unas cuantas empresas ex-
tranjeras sobre territorios que dedican al cultivo del banano y a la
explotación petrolera. Los enclaves dan nacimiento al proletariado,
1 Bernardo Tovar Zambrano, La intervención económica del Estado en Colombia, 1914-
1936, Bogotá, Banco Popular, 1984, pp. 39 y ss.
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