Raza, naturaleza y nación - Paisajes racializados - Paisajes de libertad. El Pacífico colombiano después de la esclavitud - Libros y Revistas - VLEX 874374328

Raza, naturaleza y nación

AutorClaudia Leal
Páginas199-237

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Raza, naturaleza y nación
L   una sociedad posesclavista en las s elvas de la costa Pacíca
colombiana involucró la apropiación completa de la región, más allá de las zo-
nas mineras, y la consecuente tra nsformación del paisaje. En la época colonial,
buena parte de la población nativa murió o migró, muchos de los sobrevivien-
tes fueron concentrados en pueblos de indios en el alto Atrato, la gente negra
esclavizada fue obl igada a extraer oro y a vivi r en campamentos mineros, por
lo general temporales, y con el tiempo emergieron comunidades libres cerca de
las minas. A par tir de mediados del siglo  la diversicación de la economía
extractiva , que funcionaba sobre la base de que las personas negras procuraban
de forma independiente la mayoría de los recursos para su propia subsistencia,
contribuyó a la creación de un paisaje selvático particu lar. La escasa población
negra se multiplicó y se dispersó por ríos y costa s, a medida que exploraba los
diversos nichos ambientales. Recorrió las selvas en busc a de caucho y tagua que
intercambiaba por sal, pólvora y otras mercancías de consumo básico. También
buscó lugares con buenas provisiones de madera, fauna de caza y pesca, y suelos
fértiles, donde pudiera producir buena parte de sus alimentos, herramientas,
medios de transporte y lugares de habitación. Con el tiempo, fueron apareciendo
casas y cultivos en las ori llas de los ríos, no solo en las partes altas donde había
oro, sino también en las secciones medias, que eran mejores para la agr icultu-
ra, e incluso en las bajas, donde la pesca en las ciénagas, los ma nglares y el mar
proporcionaba nuevas fuentes de sustento. Junto con las casas y los cultivos,
también se multiplicaron las canoas, que representaban la autonomía de las
personas negras. Como los indígenas abandonaron los asentamientos donde
habían vivido en tiempos coloniales, la gente negra los ocupó; ta mbién formó
pueblos nuevos alrededor de las iglesias y las escuelas. Ot ros se asentaron en
Tumaco y Quibdó, los dos puertos más dinámicos de la región, y ayudaron a
convertirlos en pequeñas ciudades.
La construcción del paisaje dependía del trabajo físico de la gente negra y
de su libertad de movimiento. Un aspecto funda mental de la vida en libertad
era la presencia de exesclavos y de descendientes de esclavos, que se movían
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 paisajes de libe rtad
sin restricciones; no solo podían desplazarse sin tener que solicitar permiso
de dueños y supervisores, sino que también elegían dónde viv ir. En Cuba, por
ejemplo, algunos exesclavos se fueron de las plantaciones hacia las ciudades o
migraron a Oriente, región que “ofrecía la posibilidad de mejorar la vida a los
más empobrecidos, oportunidades a los oprimidos […] tierras a los que no tenían
y sustento a los desempleados”. Así como las personas negras libres en Cuba,
muchos campesinos sin tierra también migraron en otras partes de América
Latina. Esta región tenía densidades de población bajas y áreas enteras cubiert as
de ecosistemas nativos, principalmente selvas. L a construcción de Estados na-
cionales en los siglos  y  involucró poblar y nacionalizar estas f ronteras, a
menudo con consecuencias atroces para las poblaciones indígenas. En Colombia,
los académicos han reconocido la importancia del movim iento de campesinos
desde las tierras altas de los Andes hacia las zonas bajas. Los historiadores
ambientales han aportado nuevas perspect ivas al examinar las consecuencias
ambientales de las migraciones, sobre todo la destrucc ión de la Mata Atlántica
en el sur de Brasil. La importancia de las migraciones de personas negras li-
bres en el Pacíco, sin embargo, no reside en su costo ambiental, sino más bien
en la forma en que contribuyeron a forjar el ideal republicano de libertad y a
construir la región más grande del continente habitada primordialmente por
gente neg ra.
Louis A. Pérez, “Polit ics, Peasants”, . Véase también Rebecc a Scott y Michael Z euske,
“Property in Writi ng”, -.
La obra más import ante es la de Catherine LeGrand , Colonización y protesta campesina.
La literatura m ás completa es la de la coloni zación antioqueña , empezando con Antioqueño
Colonization in Western Colombia (Berkeley: Universit y of California Press,  []), de
James Parsons, s eguida por otras, como Keit h Christie, “Antioqueño Colonizat ion in Western
Colombia: A Reapprais al”. Hispanic American Historical Review , n.o  (): -; Albei ro
Valencia Llano, Vida coti diana y desarrollo region al en la colonización ant ioqueña (Maniz alez:
Universidad de Calda s, ); Steiner, Imaginación y poder; y Nanc y P. Appelbaum, Dos plaz as
y una nación: raza y co lonización en Riosu cio, Caldas, - (Bogotá : Instituto Colombiano
de Antropología e Hi storia, Edicione s Uniandes, Universida d del Rosario,  []). Las
selvas, espec ialmente las ubicadas en los lí mites de la Amazonia, t ambién han recibido algun a
atención, pero como su ocupación ha sido m ás reciente, esta literatur a trata principalmente de
la segunda mit ad del siglo . Véase, por ejemplo, Corporación Ara racuara, Colonización del
bosque húmedo tropi cal (Bogotá: Corpora ción Araracua ra, ) y Alfredo Molano, Siguiendo el
corte: relatos de g uerras y tierra s (Bogotá: Alfagu ara,  []).
Eunice No dari y João Klug, editores , História Ambiental e Migraçõe s (São Leopoldo: Oikos
Editora, ).
Durante es e proceso, las áreas indígenas s e redujeron, pero aún son importantes, como lo
muestra el reconoci miento legal que han tenido desde la d écada de . Sobre el Chocó, véase
Jesús Alfonso Flóre z López, Autonomía indígena en Cho có (Quibdó: Centro de Estudios Étni-
cos , ) .
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,    
Este aporte no tenía cabida en la mente de los observadores de la época que
escribieron sobre el Pacíco. Como ocurrió en otras regiones selváticas, mu-
chos de los hombres que se rerieron a esta región en sus escritos le restaron
importancia al ma nejo y la transformación humana del entorno; dejaron de lado
su entusiasmo por el poder civilizador de la cultura y enfatizaron el carácter
indómito de la naturaleza. Además, asociaron a los habitantes rurales negros
con un entorno que consideraban prolíco pero también insalubre, apto para
seres salvajes y propicio para la pereza. La ideología racista y el deter minismo
ambiental que guiaban el pensa miento de la época se unieron para producir y
legitimar esta lect ura del paisaje y de la gente, que asumía que las personas ne-
gras estaban abusa ndo de la libertad que las élites ilustradas les habían otorgado
con tanta generosidad. Dado que los prejuicios raciales tiñeron la interpretación
de un paisaje forjado dentro de una economía marcada por una div isión racial
del trabajo, este fue un paisaje profundamente racializado, tanto en términos
materiales como ideológicos. En las décadas posteriores a la abolición de la
esclavitud, los hombres letrados vieron a quienes habían dado forma al pais aje
como un obstáculo, más que como una ventaja para la construcción de la nación
en la frontera. La lucha de las personas negras por la libertad y sus esfuerzos
por hacer suyos los connes del territorio nacional no parecían merecer ningú n
reconocimiento, ni mucho menos elogios. Estos escritores se pensaban a sí mis-
mos como portadores de civilización y de progreso: ellos, y no la gente negra,
tenían el deber y el poder de mejorar la región; para ese propósito aplaudieron
la creación de misiones y escuelas para educar y congregar a una población
dispersa. Por estos medios buscaban controlar y g uiar el ejercicio de la libertad.
La creación del paisaje regional
La gente negra libre creó los rasgos básicos del paisaje rura l del Pacíco a medida
que fue ocupando la región y que se convirtió en el gr upo social dominante. Su
forma de habitación dispersa y su migración hacia fuera de las área s formalmen-
te controladas por el Estado colonial eran producto de la libertad : los esclavos
no podían abandonar los campamentos mineros donde viv ían. Como explico
en el capítulo , estos campamentos fueron construidos en las zonas mineras,
cerca de corrientes de agua, y constaban de u nas pocas casitas, una bodega para
alimentos y herramientas, y qui zás también una capilla y una herrería. La ma-
yoría de los campamentos cambiaban de ubicación a medida que se agotaban
los depósitos cercanos y los mineros buscaban nuevas minas . Los colonizadores
españoles también crearon otra forma de asentamiento, los llamados pueblos de
indios, para congregar a la población indígena (que sobrevivió principalmente
en el Chocó). No obstante, durante casi todo el año los embera vivían lejos de
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